¿Donde Estabas Tú?

Dónde estabas tú?
Alicia era una joven universitaria, muy capaz, muy asertiva y muy anti feminista. Había estado en un colegio mixto, había sido mejor en sus rendimientos que la mayoría de sus compañeros, eligió una carrera predominantemente masculina y entró a trabajar en un mundo de hombres sin jamás sentir que fuera discriminada. Afirmaba con pasión que las mujeres que acusaban a la sociedad de machista eran unas “perdedoras”, que sencillamente no se la podían. Se casó, hizo su maestría en el extranjero junto a su marido y mantuvo su certeza de que ser mujer era como ser hombre en el mundo académico y laboral.
Alicia se embarazó y sintió que entraba en un mundo nuevo para el que no estaba equipada. El embarazo fue difícil, debió hacer reposo y fue reemplazada en su trabajo por otro profesional, temporalmente. Cada vez que volvía a su oficina, gorda y débil, sentía la rabia de no tener ya su escritorio ni sus atribuciones, pero ¡todo sea por el niño que viene! Después de que nació su hijo, los días eran largos y solitarios, su marido mantuvo su vida normal y ella debió hacerse cargo de la casa y de la guagua. Sus amigas que la visitaban no podían entender que estuviera tan enojada con la vida. Alicia estaba muy feliz de su maternidad, pero no podía asumir que la vida le cambiara solo a ella, que su compañero de aventuras y marido, padre de la criatura, no cambiara salvo en la felicidad de llegar a casa y encontrar a su hijo sano y bien cuidado. No sólo eso, él postuló a un post grado apoyado por ella y ella cuidó al hijo en el extranjero mientras él se especializaba.

 


Alicia, como tantas otras jóvenes que tenían un futuro promisorio, debió optar muchas veces por la maternidad, en enfermedades, en crisis, en problemas; quien sacrificó su carrera fue ella. Y fue una gran profesional, sin asumir grandes responsabilidades. Alicia fue abandonada por su marido después que él fuera enviado al extranjero y decidieran por razones familiares que ella se quedaría en Chile.
Hoy, el marido de Alicia es un hombre importante en el mundo, se casó de nuevo con una jovencita, da a Alicia la pensión que la ley le exije, y ve a su hijo dos meses al año. Ella trabaja hoy 10 horas diarias, tratando de vivir como quiere y de mantener a un hijo que tiene una salud precaria.
El niño ha tenido un problema serio, fue maltratado, abusado, en su propia casa. La psicóloga infantil le pregunta a Alicia en la primera sesión:
¿Y dónde estabas tú?
Ella ha llorado y se ha culpado y después de mucho, un día cualquiera, gritó:
“Estaba trabajando. ¿Le ha preguntado usted a su padre dónde estaba él?”
Alicia me ha pedido que cuente esta historia de dolor, porque nadie tiene derecho a preguntarle a una mujer que trabaja y es jefa de familia dónde estaba a las tres de la tarde de un día jueves cualquiera. Pero lo hacen a cada rato y las madres en vez de estar orgullosas de su propia valentía, como lo estaría una mujer del mundo popular, agachan la cabeza, aceptan la culpa y caminan con el corazón quebrado.
Los especialistas, médicos, psicólogos, educadores, podemos ser machistas y clasistas sin darnos cuenta. Cuidemos a las mujeres que trabajan, son verdaderas heroínas.
(Pula Serrano, Revista YA)
 

 

Traído por La Marsupial

para Mujeres chilenas de 30

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Comentarios (12)

Dr. Blood mayo 10th, 2008 at 14:19    

Excelente y lamentablemente muy realista relato. A veces la vida es más terrorífica que el peor cuento de terror.

Saludos sangrientos

Blood

Leslie mayo 10th, 2008 at 15:31    

Es difícil el papel de una mujer, más cuando se tiene que desempeñar tantas funciones a la vez. Y si, muchas veces nos sentimos culpables y quisiéramos multiplicarnos, al igual que nuestro tiempo, para ser todo lo que se espera de nosotras (madre, profesional, pareja…). Triste historia, lástima que sea tan cierta.

Saludos

Leslie

Daniel mayo 10th, 2008 at 20:32    

Si te has dado cuenta como que siempre le cargan la mano a las madres, y los padres pasan con más bajo perfil cuando existe algún problema psicológico en los niños, como sucede en el relato.
Saludos

Brujita mayo 11th, 2008 at 2:06    

Uff… qué fuerte el post. Me dejó callada… y eso es muy raro.

AMI mayo 11th, 2008 at 8:55    

Así es tal cual y como lo cuenta este relato, las mujeres tenemos que sacrificar nuestra vida laboral en post del crecimiento familiar…. muchas veces es mas que eso, es parte de nuestra vida social también.

Además de sentir fuerte la discriminación que no solo hacen los hombres sino también muchísimas mujeres, y en la que hacen sentir que estar en casa preocupándose de los hijos, de la casa, de TODO, no es un trabajo…

Personalmente en mis dos años de mamá-dueña de casa me sentí discriminada, desvalorizada a los ojos de muchos. Hoy que he vuelto a la vida laboral, por algún motivo siento que eso cambio.

Pero para mi el mejor trabajo de mi vida es haber cuidado de mi hijo y haber echo de él el niño seguro y exquisito que es hoy! (pucha que soy chocha jajaja)

Mis sincera admiración a todas las mamás que dedican su vida entera al cuidado de sus familias.

BESOS
AMI

Sabina Atalaski mayo 11th, 2008 at 12:38    

Y es la pura verdad. La culpa de ser madre trabajadora es grande… creo que la culpa de ser dueña de casa también lo puede llegar a ser… al final, todo pasa por el tema de la culpa… Somos tan culposas las mujeres.

Lore mayo 12th, 2008 at 10:51    

Cierto!!! No sé por que pero somos las reinas de la culpa. Yo no tengo hijos aun, pero cada vez que pienso en ellos me baja el rollo de la mamá trabajadora, incluso me he sorprendido con “culpa de dueña de casa”…
Fuerte la historia, me gustó pero da ene para pensar

el alcaraván mayo 12th, 2008 at 12:30    

igual es complicado cumplir el rol de madre y trabajadora, pues ellas tienen que hacer un doble trabajo y a veces sucede lo que está en el relato

carolinda mayo 13th, 2008 at 10:38    

joder! se me ha puesto la piel de gallina… me he quedado sin palabras.

salu2

Polly mayo 13th, 2008 at 12:07    

se me apreto el corazon y me dieron hasta ganas de llorar nuevamente me preguntó porqué siempre somos las que aperramos con todo con los hijos, la educacion de estos, la casa, el trabajo, el hombre con problemas, perdonamos el engaño, ponemos el hombro cuando hace falta….pero cuando nos toca a nosotras pasar por algun momento dificil que pasa???….el marido o la pareja sencillamente se manda a cambiar con una nuevita que lo aguanta tal cual es (hasta cuando se aburra tambien) y ahí quedamos preguntandonos que cresta hicimos mal!!!…..ahhhhh!!! en fin, la historia se repite no termina…por más que creemos avanzar pareciera que seguimos donde mismo…

animo amiga!!!

Bitter mayo 15th, 2008 at 15:23    

Me super bajoneó el post.Creo que alguna vez se comentó por acá de las culpas que arrastramos por el solo hecho de ser mujeres.
No lo merecemos, nos sacamos la cresta por dar la mejor vida a nuestra familia y se valora tan poco, ufff.
Nuestra vida es mas dura que la de ellos, eso ni dudarlo, me voy triste y pensativa…

claudia mayo 19th, 2008 at 14:40    

Yo viví algo parecido a mi me trataron como mal tratadora infantil, casi me voy presa, con pacos, asistentes social y la media cuatica, era tan heavy el trato, que yo misma creí que era de lo peor más encima me humillaron tres auxiliares en el Hospital Van Buren, ofendiéndome en el dolor mismo por que en ese instante me estaban diagnosticando hemorragia intracraneal de mi hijo, en Valparaíso, después de uno día supieron que era hemofilia y nadie se disculpo, nadie dijo nada, puedes creerlo, cuando consulto por como acceder a remedios de una forma más económica (por que cada ampolla liofilizado VIII, vale $150.000 y no se sabe cuanto debe ocupar cuando lo necesita) me dicen “ este no es hogar de cristo” ja!!! es esto lo que no entiendo el jefe máximo te responde así que queda para el resto………

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