Gigi:”Patiperra sin querer”
A los 2 años de nacido el Tanito, nuevamente canasto en mano, nos fuimos a México por trabajo, ahí estuvimos comiendo guacamoles por 4 años, donde de tantos recorridos dominicales buscando simplemente porotos granados (y no negros, ni amarillos ni ninguna de esa infinita variedad que tienen para toda ocasión) aprendí algunas técnicas medicinales de las meicas del mercado central del pueblo donde vivimos.
En ese país, tanto o más machista que el nuestro, pero con mujeres que tienen la sabiduría y la fuerza del mismo rey azteca, el pequeño núcleo familiar se fue alejando poco a poco. Los días se hacían largos, las noches cada vez más frías. Tanito era el único que estaba feliz, tenía tantos amigos que era de todos los días la bulla de críos metidos en la casa jugando a la revolución de Zapata con los palos de escoba (y eso que estábamos en plena economía de mercado y en un pujante México liberal). El dinero no faltaba, pero tampoco era que pudiéramos comprar los boletos de avión cada vez que me sentía agobiada o simplemente me dieran ganas de venir a recordar la temporada de la cosecha de uva talquina.
Luego de esos años de “órale pues!!”, otro traslado nos llevó a Italia…y no sólo a Italia, sino a la mismísima Venecia… (que suerte dirán algunos, pero calma, no todo es tan maravilloso, ni siquiera en le viejo continente). Boquiabierta llegué a ese paraíso de ríos y góndolas. Tanito ya tenía 6 años y el pobre debió entrar al colegio más perdido que espárragos en cazuela de pollo…. No entendía un carajo!!! (Bueno, yo tampoco así es que éramos dos los perdidos). Como el pobre se aburría tanto en clases, de vez en cuando lo retiraba a media mañana de la scuola y nos íbamos a regatear un paseo en góndola para matar el día.
De mi “no-historia” de amor no quedaba mucho, no sólo yo era la fascinada con la maravillosa Viena… Pancho se pasaba todo el día trabajando (él era técnico en diseño web de una empresa mexicana con sucursal en Italia) y por las noches se iba de copas con la gente de la oficina. De puro aburrida un día decidí entrar a estudiar diseño en una academia. Todos los días de 3 de la tarde a 7 me olvidaba de todo y me concentraba, primero en entender que diablos decía el profesor, luego en saber que decían los apuntes y por último y aprender la técnica de las formas y los colores. 6 meses, 12 días, 8 horas y 46 minutos pasaron hasta que todo cambió…
Un día que había salido ya a la academia y el Tanito estaba en el colegio, miro sin querer mi bolso y no llevaba el diseño de una silla de guagua a la que había estado dándole forma toda la noche. Entonces, me devolví los 20 minutos recorridos y cuando entré al piso, había ropa tirada desde la entrada hasta la cocina… seguí las prendas : la camisa que le había regalado a Pancho para la última navidad, un sostén negro, zapatos puntiagudos de charol, corbata, pantalones… En mi mesa de comedor diario estaba el desgraciado chilenito con una italiana peliteñida cara de sopaipilla mal freída… Ufffff….. no diré en que estaban por respeto a los presentes, pero la furia que sentí ese día, la tristeza, el ego hecho trizas… Creí que me desmayaba y poco a poco caía a un acantilado (a veces tengo alucinaciones estilo Allie Mcbell) A pesar de tener el práctico uslero que me había regalado mi tía antofagastina antes de irme a México, el cuchillo cocinero y el juego completo de loza fina (lo único fino que había en esos 40 metros cuadrados) tomé aire usando estos pulmones que Dios me dio como nunca antes, con una voz firme pero sin gritar dije: “Que bien que te encuentro en casa, no alcancé a limpiar el baño y todo el piso apesta un quiltro muerto… ahí está el desinfectante, es hora de que busques a alguien que limpie tus cagadas”. Me di la media vuelta y salí con el corazón destruido, pero una extraña sensación de alivio.
Esa noche, Tanito y yo dormimos en un hostal y el desgraciado nos buscó hasta con los carabinieris, habrá pensado el muy weón que me tiraría al Sena?.
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Comentarios (10)
Siempre digna, por tu Tanito y por ti olvidalo, segue adelante la vida es mas que un pobre weon, fuerza!!!!
vaya, vaya…
digan Gigi… muy buen corte para el pelota..
un beso
erratas:
donde dice: digan,
debe decir: DIGNA
Pucha que me gusta leerte Gigi!!, mmmm pero hay algo que me da vueltas en la cabeza, leo tus historias antiguas y creo que has cambiado un poco para mal, antes eras mas decidida, mas aventurera.. quizás me equivoque.. pero me gustaría que hoy hicieras cosas como agarrar tu canasto y partir.
Besos.
Hola Gigi, bueno, siempre digna, como ya dicen.
Por lo menos estuviste en Venecia. Y del pelotudo, mejor no hablar.
Besos
jajajaa…. Grande!!!
Es que ya me imagino… ¿cuánto será de eso?
Siempre nos dejas con incógnitas, espero que la vida vaya mejor.
Saludos.
Venecia o Viena?
Pucha caura, que terrible!! y que te haya pasado tan lejos!!
Un abrazo y supongo (por tu manera de contarlo) que ya está superado.
(No me respondiste el mail!!)
Bye.
Que gran salida… yo no se si hubiera tenido los cojones para decirle eso al pelota… pero en fin…
Te sigo leyendo querida, cuando vas a contar “aquellas” historias que nos haz contado en mas de alguna junta?
Abrazototes
Upsss, afortunadamente hechàndole un ojito con el suficiente tiempo y distancia, creo que habràs superado ese nefasto capìtulo, sigue tu vida que el pobre imbècil ya ajustarà cuentas en algùn momento, por lo pronto tu se feliz con tu Tanito.
Si es tema superado, te felicito!
Gua!!!!
que buen corte.
tanta historia que te queda por contarnos querida gigi.
Te abrazo
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