Póngale un síndrome a su vida

En mi círculo de amigos hay una chica separada hace ya bastantes años, pero con una vida amorosa cada vez más catastrófica, estresante y llena de dificultades. Se mete en unas historias sin pies ni cabeza, que la dejan hecha polvo. Cada vez que la veas sabes que va a estar, bien hundida en la miseria más absoluta, bien por las nubes empeñada en amores imposibles, absurdos y peligrosos para la estabilidad mental. Por supuesto, es continuo tema de conversación entre nosotros. Hace dos días, el irónico marido de otra del grupo sentenció que lo que nuestra común amiga tiene es el “Síndrome Bovary”, que por lo visto consiste en una insatisfacción afectiva que lleva a la búsqueda continua de un amor romántico ideal, un ideal inalcanzable, que como inalcanzable que es te lleva al sufrimiento y la frustración.
Mi amiga es, simplemente, lo que siempre llamamos “una cabra loca”, pero ante esta perorata, todo el mundo se quedó con la boca abierta, y yo me quedé pensando qué distintas suenan las cosas cuando se adornan con un nombre bonito. Hoy mucha gente no tiene reparo en admitir lo que en otra época negaría ferozmente, sólo por el hecho de que viene adornado con el nombre de “síndrome de…”. Aunque ella no oyó el comentario, seguro que estaría encantada de verse caracterizada con el nombre de la heroína de Flaubert.
Hoy te tropiezas continuamente con padres que a las primeras de cambio te informan de que sus insoportables niños tienen el Síndrome del emperador (niños o jóvenes que se convierten en pequeños dictadores y que no aceptan un no por respuesta ni una mínima contradicción) con una actitud que no acabo de entender. Vamos, que lo que toda la vida hemos llamado niños malcriados los padres te lo plantean como si ellos no tuvieran la culpa de la insufrible conducta de sus retoños, porque dicho así parece más una enfermedad genética que otra cosa.
La gente alardea de tener síndrome post-vacacional, en lugar de reconocer sencillamente que lo de trabajar tarde o temprano se convierte en algo de lo que nos libraríamos a gusto en cuanto nos tocara una Primitiva. Pero no, así no hay quien lo diga. Todo el mundo está “realizado” gracias a su trabajo; lo que ocurre es que desgraciadamente se han contagiado del síndrome ese como si fuera una vulgar gripe.
Ya desde hace años hay uso y abuso de la palabra “inmaduro/a”, pero ahora queda mucho más bonito hablar del Síndrome de Peter Pan. Y claro, ya se sabe, detrás de alguien así hay siempre alguien con el Síndrome de Wendy. Si seguimos enganchadas de un novio cabrón que nos trata mal, tenemos Síndrome de Estocolmo, y nos lo pensamos antes de subir al avión por lo del Síndrome de la clase turista.
¡Qué mala suerte tengo! Ni un mal síndrome con el que justificar nada de nada. No supe lo que era el Síndrome del príncipe destronado al nacer mi hermano cuando yo tenía trece meses. Por lo visto, en mi caso no se pudo hablar ni siquiera de la edad del pavo (seguro que ahora hay un “síndrome de…” para referirse a eso). Y, ¡maldita sea!, si alguna vez cometo un asesinato, no voy a poder justificarlo con lo del Síndrome premenstrual (que desde hace años se considera un eximente en ciertos delitos cometidos por mujeres), porque si no estoy pendiente del calendario, no me doy ni cuenta y siempre, siempre, me agarra por sorpresa…



Comentarios (6)
Sindrome para todo!!….de seguro much@s conocen el “sifapi”….que aparentemente suele ser realidad..y…se expresa con fácil irritación de las personas, malas caras, mal modo de contestar, idiotez continua, y maldiciones al por mayor a los hombres…..
Desde un tiempo a esta parte se usa colocar “etiquetas” a las situaciones que, antiguamente, se identificaban por su nombre. Es una manera de engañarse a sí mismo, como si evitar nombrar las cosas como corresponde las hiciera más lvianas, menos reales. Quizás sea un recurso inconsciente de la sociedad para aminorar un poco la realidad inevitable de lo que se esconde detras de las “etiquetas”.
Mientras no contraigan el Síndrome de Lancia, no hay de qué preocuparse queridas lolas
Saludos sangrientos
Blood
Síndrome de Lancia? mmmmmmmm…. pucha, quedé pilla.
Lancia-nidad jajajajajaja
Creo que no es malo “etiquetar” las cosas para tener mas claridad o simplemente una mejor forma de llamarlo.
El tema es que ponerle un nombre bonito y con el dar las razones por las que ocurren, no eximen al afectado de su responsabilidad frente al tema.
Un depresivo, generalmente, tiene factores geneticos que hacen que su cerebro tenga esta tendencia al bajoneo, pero quien tiene que tomar las riendas de su vida y buscar una forma de mejorarse es el depresivo en si, porque muchas manos pueden venir en su ayuda, pero si no hay una voluntad para mejorarse… ni hablar de las posibles consecuencias. Ahora, eso no quita que haya un monton de gente que se escude bajo este diagnostico y se quede en casa autocompadeciendose y echandole la culpa a la vida por las “cosas malas”.
Es cierto lo que tu planteas, el que hoy en dia a todo titulo lindo se le anteponga la palabra “sindrome” pareciera darle justificacion a la situacion frente a los ojos del afectado. O sea, a mi me parece insolito que unos padres, porque a su(s) hijo(s) le “diagnosticaron” el “síndrome del emperador”, no hagan nada para controlar las pataletas y cambiar la conducta de ese niño que mas que molesta, es pejudicial para el niño mismo, que tendra re poca tolerancia al fracaso (entre otras cosas).
Parece que hoy en dia preferimos no “ensuciarnos” por mejorar o arreglar nuestros problemas. Mejor le ponemos un nombre “fancy” y lo llevamos con orgullo, como herida de guerra…. que verguenza.
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