Milagro de año nuevo

Si alguien trabajó como enano en diciembre, esa fui yo el Año nuevo esperando 1996. Mis responsabilidades como encargada de ese elegante restorán iquiqueño me obligaban a organizar la mejor fiesta de fin de año de la ciudad y me preocupé de cada detalle, de cada necesidad y de cada eventualidad con la dedicación de una madre en el primer aniversario de su hijo.
Desde primera hora del 31 estuve en el local, hubo problemas con los músicos que pudimos resolver contratando un dj que amenizara mientras los artistas descansaban en los intermedios, nos dedicamos a inflar globos blancos, negros y dorados, a estrenar manteles y a adornar las mesas con saquitos de la abundancia, uvas y lentejas. A la hora de almuerzo irónicamente no almorcé. Sino, que tuve que ir al mercado a comprar el cuanto hay de imprevistos que se surjen en eventos como éste, además que en esta ciudad se estila cerrar el comercio a la una de la tarde del último día. Todo está bien, decía mientras revisaba cada rincón del lugar, contando el contingente de garzones, repasando el menú y… ¡¡ Las bebidas¡¡¡ Llamar urgente a la distribuidora para hacer el pedido de vinos, doblar el de champaña y surtir el de gaseosas.
Ya eran las 9 de la noche y yo todavía andaba corriendo por aquí, gritando por allá, puesto que mi humor ya empezaba a cambiar. Decidí hacer una pausa, sobretodo cuando caí en la cuenta que ya todos se estaban retirando a sus respectivas casas a prepararse para la noche más esperada del año (no hay otra que esperar)… Sólo el cuidador y su familia seguían ahí… yo debía ir al departamento que compartía con un par de amigas a arreglar mis propios detalles. Ellas, ambas, habían viajado a sus hogares a pasar las fiestas con los suyos, yo había optado por trabajar, este proyecto era nuevo y había luchado mucho para que los dueños de la empresa me apoyaran en realizarlo, no podía estar nostálgica a estas alturas de las decisiones, en fin, partí al departamento, ya que contaba sólo con una hora para arreglarme y lucir como si hubiera dormido todo el día, ni la peluquería ya era posible, tendría que afirularme por mis propios medios. Mi madre me había enviado una encomienda con algunos trajes que podía usar para la ocasión, ni siquiera había abierto el paquete pero confiaba ciegamente en el gusto de mi mamá que si por algo se caracteriza es por su sobriedad y elegancia.
Llegué, encendí el cálefon, vi lo de la ropa interior y comencé a hurgar en la caja: un vestido negro un poco pequeño para mí, otro blanco que me hacía lucir como novia y un traje burdeo como el fondo del vino, del cual me enamoré apenas se asomó por entre los otros regalitos que me enviaron. Todo perfecto: ropa, peinado, medias, maquillaje…. y !zapatos!, fui al cajón que siempre está al fondo del closet y, eureka, un par de brillantes zapatos reina del color del vestido y por un momento me alivié porque ningún otro era adecuado, pero digo que sólo fue un momento al darme cuenta que la tapilla de uno de ellos no estaba, ni siquiera estaba rota, simplemente no estaba… los minutos pasaban y era imposible encontrar una tienda abierta donde pudiera al menos comprarme un par, mamá!!! Gritaba mentalmente desconsolada mientras pasaban los minutos.
No sabía qué hacer: sin cambiarme, salí con los zapatos a cuestas a buscar alguien que pudiera ayudarme. Para algunos pudiera parecer trivial darle tanta importancia a un zapato, pero recuerden a la Cenicienta y le darán el valor que se merece. Bajé, bajé, bajé y bajé, las calles vacías cuando faltaba tan poco para el minuto del fuego, pasaba por mi cabeza la fiesta, los garzones que ya estaban llegando, la gente tomando ubicación en las mesas, la mesa de mi casa con mi familia seguramente recordándome, todo y nada pasaba por mi mente… casi aturdida caminaba cuando una voz de viejo solo exclamó :!Juanito, qué haces ahí hombre!! Y desde un sucuchito hediondo respondió “No sé, on. Me dio algo y me devolví al taller.” Miré al taller y era él, Juanito, jamás en mi vida lo había visto, pero lo sentí como mi gran y mejor amigo. Entré con una felicidad que no me podía y saqué mis zapatos como quien muestra a su mascota enferma, él los tomo con paciencia de abuelo y en un dos por tres tuve zapatos como nuevos. Le pregunté cuánto era y casi en pleno 1996 me dijo cien pesos. Saqué mil y le dije que no se preocupara, que su ayuda valía un millón de veces todo y más. Y desde la pared un póster de esos de la calle sonreía en el rostro del Padre Hurtado.
Me fui hecha una bala a mi trabajo, funcioné hasta las 9 de la mañana del 1º de enero y antes de irme a casa quise pasar a darle un abrazo al viejito zapatero y, a pesar que sospeché que no lo encontraría, por la fecha y la hora, lo más extraño es que ni ese día ni nunca más volví a encontrar la casita que era su taller, en pleno centro de Iquique, en una calle bien definida , en el lugar que un viejito santo me arregló mis zapatos me dicen los de ahí que jamás ha habido un zapatero remendón.
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Comentarios (10)
maravillosa historia, siempre en la vida tenemos zapateros remendones, que arreglan nuestra alma…
Bonita historia, digna del programa “El día menos pensado”. El zapatero remendón que salva a la protagonista es ese último recurso que nos permite zafar del problema y sostener que la esperanza es lo último que se pierde.
Que linda historia.
Me encanto.
Tu angel de la guarda que nunca te abandona
Bellisima historia.
Muy linda.
Que lindo… no habrá sido tu “hado padrino”???
Ayyy!! qué linda historia.
Eso demuestra que siempre que lo necesites tendrás alguien que irá a ayudarte.
Yo también tengo historias así y eso me hace pensar en que los milagros existen.
abrazos
Para quienes quieran ir, la junta es mañana jueves a partir de las 9:00 de la noche en el bar El Gauchito.
El sitio web es: http://www.elgauchito.cl
Y queda en: Aguas Claras 1633, local 30, comuna de La Reina, cerca del Unimarc de Príncipe de Gales.
Para que puedan llegar aquí les dejo un mapa: http://www.elgauchito.cl/mapa01.htm
Bien. Espero que no sean muchos los que arrugen… Hace tiempo no realizamos una junta “Blogger”.
¡Vamos! No se aguachen por el frío.
Espero comentarios. ::: El Gauchito – barpub :::
Fuente: http://www.elgauchito.cl
Wwwwwwwuuuuuuuaaaaaaaa…….. q bella historia Carlita, me dejó el pecho así como inflado. Angelitos de esos que se aparecen en la vida de una.
que hermosa historia…la ayuda llega de donde menos lo esperas….angel de la guardia
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