Una oportunidad

 

Hace una semana conocí a Pedro, un chico de 24 años que vive en Valparaíso, todos los días, desde hace 8 meses atrás,  se levanta a las 5 de la mañana, prepara la masa, que luego, Mariela, su pareja, continuará con la labor de hacer el pan y venderlo entre los vecinos del sector.

 

Pedro baja al plan (como llaman los porteños al sector centro de Valpo), a la Panadería de don Juan, donde trabaja como maestro pastelero. Allí pasa todo el día preparando pan, trenzas dulces, conejitos y otras delicias. Su sueldo es bajo, por eso se las arregla para hacer pan en la casa y generar unas lucas más para vivir.

 

Hace un año que Pedro salió de la cárcel, estuvo preso por robo con fuerza, junto a un amigo cometió este delito, después de pasar algún tiempo en la calle consumiendo alcohol y drogas.

 

Pedro me va contando cómo se metió en líos, me habla de su madre, una mujer sencilla y preocupada por sus hijos y de su padre alcohólico y ausente. Me cuenta de las malas juntas, de la choreza de quedarse en la calle y de querer romper los límites, de sentirse desafiado por sus amigos que ya, antes de cumplir los 18 han robado varias veces.

 

Él tuvo mala suerte, cayó preso a la primera, estuvo 5 años “adentro” y dice que “cuando estás preso, lo que más tienes es tiempo, tiempo para pensar”. Lo que lo remeció durante su  reclusión fue que murió su abuela y él no pudo ir a su funeral, eso le provocó mucho dolor y sobre todo ver a su madre sola y sufriendo.

 

Entonces, un psicólogo que trabajaba con los internos le ofreció ser parte de una comunidad terapéutica, él aceptó y empezó el camino de vuelta.

 

Pedro agradece las oportunidades que le han dado y ha sabido aprovechar cada una para emprender una nueva vida con su pareja y su hija, creando su propia familia y su pequeña empresa panadera.

 

Yo me quedo pensando…

 

¿Haz sido asaltada alguna vez? un susto para no repetir… peor si entran a robar a tu casa, es una sensación de invasión total. Por cosas de la vida, hoy me toca comenzar a conocer el otro lado de la moneda.

Saber qué pasa con la vida de un hombre que en su adolescencia se convirtió en  delincuente es fuerte. Yo no creo en eso de: “los delincuentes nacen delincuentes”, sin duda hay mucha responsabilidad social en esto.

No digo que sea “nuestra culpa” que existan, pero nuestra sociedad llena de desigualdades, con una serie de necesidades “creadas”, en la que cada vez nos relacionamos menos con las personas que viven a nuestro alrededor, se presta como caldo de cultivo para que una persona que recibe una escasa y mala educación, que le toca nacer en una familia pobre y en un ambiente proclive a la delincuencia, termine siendo un bribón, por decirlo de alguna manera.

 

No hablo desde la verdad absoluta, no la tengo y seguro hay muchos niños que nacen en las mismas condiciones y que no llegan nunca a robar un dulce si quiera. Pero también es realidad que la sociedad a la que pertenecemos y de la que somos partícipes,  es responsable del aumento de la brecha económica y social que hace crecer a la delincuencia. Somos ejemplo de mala distribución del ingreso, por mencionar una de las variables del tema.

 

¿Qué me pasó al conocer a un hombre que pasó por la cárcel luego de cometer un delito?

 

Debo decir que, escuchar el testimonio de un hombre que, luego de pasar por terapias y aceptar nuevas oportunidades para reinsertarse, logra cambiar su vida, realmente me conmovió, mi garganta se apretó y tuve que contenerme para no soltar una lágrima.

 

Ver que un tipo que fue delincuente tiene ganas de trabajar y se esfuerza cada día por cumplir sus sueños de surgir junto a su familia,  me hace pensar que es posible construir un mejor lugar donde vivir.

 

Para algunas personas la vida se hace más cuesta arriba que para otras, eso no justifica, pero permite entender, que a veces no logran ver otra opción. Ahora, no me pondré a analizar a los miles de personajes que están presos, eso da para largo y entrar en temas como las condiciones carcelarias, el hacinamiento y eso de “la calle es la escuela y la cárcel la universidad”… da para mucho…

 

Mi punto es, qué pasa una vez que sale, cumple condena y no quiere volver a delinquir ¿Es posible confiar en un cambio real? ¿Merece una oportunidad alguien que ha cometido delitos?

 

Yo creo que sí, que no es un proceso fácil, ni rápido, pero como parte de este mundillo en el que vivimos, debemos mirar a nuestro alrededor para ver que hay muchas realidades y que si de algún modo contribuimos a que una persona cambie su vida para mejor, no podemos hacer vista gorda y pasar de largo.

 

¿Y tú qué opinas?

 

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Comentarios (7)

Aly julio 3rd, 2009 at 9:08    

Yo creo que una persona que comete UN delito es capaz de rehabilitarse y reinsertarse en la sociedad.
¿Por qué digo UN delito?. Simplemente porque delinquir es una decisión que se toma, como todas las demas cosas en nuestra vida. Y es humano errar y tratar de enmendar el error. Pero un delito es un error, una carrera de delincuencia es una decisión de vida.
Debo admitir que el caso Pedro es muy emocionante y digno de admiración. No es fácil salir de la cárcel y decidir no volver a robar. Es muy dificil reinsertarse para alguien que tiene antecedentes, ya que la sociedad lo crucifica. Más aún, decidir vivir con un sueldo mínimo o un poco más (que en realidad ni siquiera alcanza para lo mínimo). Realmente es admirable que el haya decidido no volver a tentarse y vivir del esfuerzo que significa sacarse la cresta para tener menos que lo necesario, pero ser honesto.

Es cierto lo que dices de la brecha económica-social de este pais. Hay murallas que impiden que ciertos estratos de nuestra sociedad tengan más oportunidades. Pero aún asi las hay, pocas, pero las hay.
No debería costar tanto salir de la pobreza, no debería tener que haber tanto esfuerzo para lograr tener un pasar económico que te permita vivir tranquilo (en ese aspecto), es algo injusto, pero la decisión de hacer ese esfuerzo esta en cada uno de nosotros. Yo decido ser o no ser tal o cual cosa. Y es cierto, las circuntancias que nos rodean son super marcadoras, pero aún asi se puede. Y Pedro es un ejemplo de ello.Solo basta con tomar la decisión correcta.

Adán julio 3rd, 2009 at 9:58    

Este testimonio le da toda la razón a la idea de separar a los condenados por primera vez de aquellos delincuentes que hacen de su vida un continuo tráfico desde la calle a la cárcel y viceversa. Cuando una persona comete un error, y es condenada por eso, lo ideal es que no se mezcle con los profesionales del delito. Es la única forma para que se repitan los casos como el de Pedro.

Negrita/Carola julio 3rd, 2009 at 11:15    

El caso que nombras es uno en un millón. Son muy pocos los que de verdad quieren y logran rehabilitarse y concuerdo con el comentario de Adán… deberían haber lugares separados para los “primerizos” y las terapias deben enfocarse a ellos que aún son “salvables”.
Yo estuve yendo a la cárcel en la sección menores por un tiempo y la verdad es que hay algunos que no tienen ninguna intención de superarse y otros que no tienen problemas familiares…sin embargo son delincuentes…
En la mayoría, el factor común, no es la falta de oportunidad, ni la mala formación familiar, sino que la droga.. lamentable..

tukota julio 4th, 2009 at 13:03    

ese es el maldito contexto…si te crias en un lugar punga, las amistades te llevan…

Vivi julio 5th, 2009 at 21:43    

Complicado tema, porque cuando uno es la víctima la cosa es de otro color, pero yo creo sinceramente en las segundas oportunidades.

claudiazocar julio 13th, 2009 at 17:10    

yo conozco a un Roberto panadero del pan mas rico y preciado de Coyhaique, es buen mozo, lindo, joven, muy timido, que sufrio mucho toda su vida por que nadie lo entendia con su familia no tuvo apego y una vez pololeo y duro un día, lo recuerda con pena, pero conocio a una mujer igual que él y se casaron ambos sordos, sin oportunidades de salir adelante, ambos muy inteligentes, sin la facilidad de un colegio para sordos, con grandes proyectos y la ilusion de estudiar en una universidad de oyentes, pero se hizo dificil por que a nadie le importo este par de sordos en la sociedad, tiene un hijo oyente y solo quieren que su hijo tenga estas oportunidades.

el alcaraván julio 30th, 2009 at 20:21    

es cierto que la sociedad es responsable por la delincuencia, sobre todo por la mala distribución de la riqueza, pero también es cierto que en nuchas ocaciones el factor común es la droga y la vida fácil

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