Cuentos Seleccionados

Alegría, alegría, porque ha llegado el día…

Y como no hay fecha que no se cumpla, ni  deuda que no se pague, les contamos que por fin, (siiii,  ¡por fin…!) y luego de variados problemas internos, y muchas deliberaciones, finalmente tenemos los cuentos clasificados para éste año…

A partir de hoy y día por medio iremos publicando los cuentos seleccionados, los cuales

Pronto les iremos contando más acerca de las votaciones, por lo pronto, los invitamos a leer y maravillarse con los cuentos seleccionados…

A continuación los dejamos con el primer seleccionado…

Aplausosssss

¡CLAP ¡ ¡CLAP ¡ ¡CLAP ¡

 UNA HISTORIA GATUNA

 gato1 

Había nacido en un callejón dentro de una caja abandonada. La única vida en el lugar era el deambular de los vecinos para depositar basuras en unos inmensos contenedores. Cada quince días pasaban grandes camiones a retirarlos y colocaban otros nuevos. La madre de Rina, había encontrado un cómodo lecho maternal, bastante alejado de los grandes tarros llenos de desperdicios. Felizmente un árbol grande y unos tupidos arbustos lo protegían.
Su madre, su abuela y según supo, varias generaciones antes que ella, no habían tenido un hogar en la casa del hombre. Sin embargo, habían podido sobrevivir ubicándose inteligentemente en estos lugares. Hurgando entre las basuras siempre encontraban sobras de comida, de tal manera, que los pequeños roedores que también vivían de esta abundancia, ni siquiera tenían preocupación por un posible ataque gatuno. Sobraba alimento para todos. Ese fue el entorno que recibió a Rina y a sus dos hermanitos de la misma camada. Su vida fue feliz desde que sintió la calidez del vientre de su mamá y la tibia y dulce alimentación que recibía apenas chillar, al disputar la tetilla con alguno de sus hermanos.
Así pasó un tiempo, en el que abrió lentamente sus ojitos y pudo salir a recorrer el callejón en los momentos en que el lugar estaba desierto; sobre todo cuando la noche hacía dormir a los humanos. Al cabo de cuatro meses, la mamá no quiso alimentar más a Rina ni a sus hermanitos. Ellos debieron aprender a buscar la comida en el mismo lugar que los otros animales. También supo que no debía ponerse al alcance de sus enemigos naturales, los perros. Como así también que a falta de comida, un tierno ratoncillo servía para matar el hambre.
Un buen día, uno de los operarios a cargo del recambio de los contenedores, descubrió a Rina. Se había convertido en una hermosa gatita de mirada curiosa e inteligente. Sabía como conquistar. Por ello bastó que restregara su cuerpo, negro y lustroso con manchas blancas, y alzara su esponjosa cola contra los pantalones del hombre; para que este, sin dudarlo, buscara una caja donde la introdujo para llevársela. La familia que adoptó a Rina como mascota, estaba compuesta por los padres y tres hijos pequeños, quienes compartían los pocos dineros que ganaba el hombre en este desagradable oficio.
Rina acostumbrada a comer en abundancia. En su nuevo hogar, a pesar de todo el cariño que le brindaban, incluso le permitían dormir cómodamente en la cama de los pequeños; pero a su pocillo sólo llegaba la comida que sobraba en los platos. Por ello, un buen día resolvió cambiar de casa y sin meditarlo mucho decidió partir.
Caminó mucho, cuadras y cuadras, buscando un mejor lugar. Solamente se detuvo cuando se encontró con una casa tan grande como un palacio. Decidió que ese sería su nuevo hogar. Subió la reja y tranquilamente siguió hasta la puerta principal por un sendero pavimentado, rodeado de jardines. Estaba segura que su belleza gatuna los conquistaría de inmediato. Sin embargo, una sorpresa desagradable la esperaba. Unos potentes ladridos la hicieron trepar rauda al primer árbol que le salió al paso. Mientras abajo, dos mastines, mostraban sus afilados colmillos asegurándole que de tenerla a su alcance la devorarían. Rina estaba muy asustada. No pudo evitar que su vientre se soltara y tampoco de orinarse encima de ellos, enfureciéndolos al máximo. Los dos guardianes sólo se calmaron cuando, tiempo después, llegó una mujer con una escoba en la mano. Con la intensión de forzarla a bajar. Asustada subió más arriba, casi al legar a la copa del gran árbol, tratando de pasar desapercibida hasta que llegara la noche.
Decidió que su momento de escape había llegado cuando los perros fueron llamados a comer. Silenciosamente se descolgó del árbol que la cobijó, sujetándose con sus filudas uñas en el añoso tronco. Una vez en el suelo, corrió desesperada hasta encontrar la salida. Ya en la calle, más tranquila, pudo pensar. Añoró con nostalgia aquella familia que le había brindado tanto cariño. Caminó sin rumbo fijo por largo rato. De pronto, decidió recordar la ruta precisa para encontrarlos. Demoró dos días en llegar.
Cuando estuvo ante la modesta vivienda y apenas lanzar un cansado maullido, la puerta se abrió y apareció toda la familia. Estaban felices de tenerla nuevamente en el hogar. La mamá la tomó con cuidado, para revisar que su cuerpo no tuviera algún daño. Enseguida, la llevó a la cocina enseñándole sus nuevos pocillos llenos de agua y comida. Luego de probar aquellas sabrosuras de alimentos, Rina, concluyó lo afortunada que era al haber sido adoptada por estas personas, que aunque modestas, le brindaban lo más importante para su vida; afecto, protección y un hogar del cual ya era parte.
ESCRITO POR : TOLA (SEUDONIMO)

  • Share/Bookmark

Categoría: General

Tags:

Comentarios (2)

arttemisa octubre 26th, 2009 at 17:14    

q linda historia..

el alcaraván octubre 28th, 2009 at 12:01    

que tierna historia y buena moraleja

Déjanos tu opinión

Name *

Mail *

Website