¡Ay, cómo pasa el tiempo!

 

Mi vida marcha viento en popa. Me siento feliz con lo que he avanzado a lo largo (y cada vez más ancho :s) de ella. Pero, no siempre fue así. Algunos de ustedes fueron testigos de largos llantos y dramones estilo telenovela venezolana, que pensé que nunca iba a superar y que me moriría de la pena en cualquier momento. Sin embargo, aquí estoy. Más viva que nunca. Con los años y la experiencia adquirida me doy cuenta que cada vivencia, buena o mala, me ha aportado para crecer – ok, ríanse los que quieran, me refiero a “crecimiento personal” no de estatura- . Y no es que mi vida sea color de rosa, tengo algunos traumas, problemas y deudas –Uf! deudas y más deudas- como todo el mundo, pero estoy aprendiendo cada día más acerca de cómo sobrellevarlos y resolverlos de la mejor manera. Me refiero a que ya no me ahogo en un vaso de agua. A los 17 cualquier acontecimiento penoso era una catástrofe mundial que me sumergía en una tristeza inconsolable (al menos eso creía). Hoy no. Hoy sigo llorando como niña a veces, pero siempre aflora en algún momento la consciencia madura que me dice: “tranquila, esto ya pasará. Piensa una solución, seguro que la hay”. Y resulta siempre cierto, pasa. Es increíble como tienen razón los viejos, perdón, los adultos mayores.

En todo caso, hay ocasiones en que la mierda me hierve y siento que pierdo el control. Qué ganas de mandar todo a la chucha…con el trabajo por ejemplo. Trabajar  en algo que no te gusta no es lo ideal, pero para muchos es lo real. ¿Y qué hacer cuando tienes deudas por pagar? Aguantarte no más, no queda otra. Así transcurren los días, los meses y los años, buscando escapaditas fuera de Santiago, saliendo de vez en cuando con alguna amiga o amigo a compartir un copete o un momento simplemente, pero ya ni eso se puede. Cuando pasas cierta edad tus amigos se vuelven más lejanos y con tanta responsabilidad que una asume, es difícil hacerse un tiempo entre la rutina y los hijos.

Todo esto se me vino a la cabeza porque a veces los viernes me gustaría mandarme un mambo de aquellos y bailar sin descanso, y así, sin dormir partir al terminal pesquero en la mañanita a comprar mariscos y más chelas para seguir festejando lo que sea…pero no se puede, ya no hay quien apañe y creo porque ya no me daría la energía tampoco. Entonces, debo conformarme con ir al cumple de un/a amigo/a  a sentarme a comer y tomar mientras converso con su familia o con amigos y tipo 2 o 3 partir a la casa a acostarme porque toy cagá de frío y mis ojitos ya no resisten más, para llegar a dormir cucharita con mi enamorado. Entonces, ¿de qué me puedo quejar? ¿Acaso hay algo más rico? No, actualmente nada se compara al anhelado descanso junto al ser amado. ¿Me estaré poniendo vieja? ¿¡Y qué importa si me siento feliz y cada día más libre de los prejuicios!? Prefiero hacerle caso a un conocido filósofo guatemalteco que dice: “No le quite años a su vida, póngale vida a los años que es mejor”…y eso hago, claro que tomándome una taza de té al lado de una estufa, es mucho mejor…

Escrito por AMELA

  • Share/Bookmark

Comentarios (2)

Viabril mayo 31st, 2011 at 1:57    

Síii… es cierto que con los 30 uno ya no tiene el aguante -o quizá las ganas- de antes.

Sin embargo, como yo mientras no tengo enamorado sigo bailando hasta que prenden las luceas y me echan pa’ mi casa. Supongo que el que nace chicharra… Jajaja…

Saludos!

Leocadia Gante junio 11th, 2011 at 15:45    

¡¡Qué bien has descrito la evolución que hemos seguido!! Es todo tan distinto ahora, según avanzamos hacia los 40… (no es por ser pesimista, pero después de los 30 llegan los temidos 40 – que aún miro de lejos). Supongo que también valoramos la vida de distinta forma. Me ha gustado lo que has escrito, volveré a echar un vistazo a más. Si quieres curiosear un blog de España, mira el mío en http://www.elblogdelgante.blogspot.com.
¡Saludos!

Déjanos tu opinión

Name *

Mail *

Website