El Parte Volador
Era un día cualquiera, apurada, siempre pensando miles de cosas y de camino a la clase de yoga que logra alinear mis chacras y por lo cual mi dulce esposo feliz me incentiva, porque según él, “así todos somos más felices”.
De camino, debía pasar a buscar un encargo, el típico favor de la amiga de la amiga de alguien, y como siempre, Providencia figuraba colapsada a las 7 de la tarde, y dado que ya era tarde y los tacos estaban como para dormir una siesta, decidí no dar la vuelta de rutina y me estacioné justo atrás de una corrida de autos, asegurándome de quedar pegadita a la acera, luces apagadas, puertas cerradas… “aquí se queda la máquina no más”. Y corrí a mi terapia.
Volví a toda prisa pues mi amado, para colmo, tenía tremendo duelo tenístico, por lo que llegar a casa a la hora era de vida o muerte. Corrí hasta el auto, lo puse en marcha y rauda avancé por las calles sorteando los rojos, hasta que de pronto, sin querer, veo que algo se mueve el ritmo del viento, una cosita blanca, pequeña. En el próximo semáforo haciendo mi mejor elongación, logré sacar el papelito, que apenas logré leer, y se fue derechito al fondo de la cartera.
Llegando a casa, beso respectivo y despedida fugaz, me tomo dos minutos de descanso y se me viene la imagen voladora del papelito aquél, lo saco de la profundidad de la cartera y me siento para leerlo con atención: HORROR!!! PORQUE A MI, NO PUEDE SER… era un parte empadronado por estar mal estacionada en lugar prohibido, falta grave; debe presentarte tal día, a tal hora en el juzgado.
Primero suspiré, luego vino la ira, después la pena y al final la resignación. Sin embargo, quedaba lo peor, explicarle a mi correcto esposo la falta cívica cometida. Ahí vino la imaginación de la chilena ágil de mente: “lo pago altiro y paso piola”. Afortunada tecnología con transferencia electrónica!!!
Gracias al cielo los inoportunos no me habían cortado el internet ese día, entré a la página de la Municipalidad y para mala pata, el parte aún no había sido registrado, debía esperar 2 o 3 días más.
Suerte la mía que mi bombardero había ganado, así que lo miré con dulzura y como lo vi tan feliz, le tiré de golpe y porrazo la noticia: “me sacaron un parte por mal estacionada. Te juro que había un montón de autos y nunca vi la calle marcada”. Me miró desconcertado, se metió a la ducha, luego entró a la cama y no dijo nada, simplemente nada.
A los tres días llegó el parte y en silencio pagué con el 25% de descuento, a estas alturas no estoy para andar haciendo filas ni inventando excusas, fui distraída, lo asumo y lo aprendo, nunca más, lo juro!!




Comentarios (1)
Partes del demonio, cuesta reconocer que son el justo recordatorio de nuestros errores.
Saludos sangrientos
Blood
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